El 15 de marzo del año 44 a. C., Julio César acudió a una reunión del Senado romano sin saber que varios de los hombres que lo rodeaban habían decidido que Roma debía continuar sin él. Más de dos mil años después, la escena permite plantear una metáfora —no una equivalencia— para observar una pregunta muy contemporánea en Venezuela: ¿qué ocurre cuando distintos actores consideran que un proceso político debe avanzar sin quien reclama un papel central en su conducción?
Los Idus de Marzo y el problema de quién queda fuera
César no murió en el Capitolio. Fue asesinado el 15 de marzo del 44 a. C. en la Curia de Pompeyo, dentro del complejo del Teatro de Pompeyo, donde el Senado se reunía temporalmente. Las fuentes antiguas y reconstrucciones históricas coinciden en que recibió 23 heridas. Entre los conspiradores estaban Marco Junio Bruto, Cayo Casio Longino y Décimo Junio Bruto; Trebonio tuvo la tarea de mantener a Marco Antonio apartado mientras ocurría el ataque.
La comparación con Venezuela no está en la violencia. Está en una cuestión política más abstracta: la distancia entre liderazgo, legitimidad e inclusión efectiva en el proceso que define el futuro.
Siete intentos de regresar
El equipo de María Corina Machado informó el 23 de septiembre de 2026 que la dirigente había intentado regresar a Venezuela tres veces durante esa semana desde Panamá, por vías aéreas y marítimas, sin conseguirlo. EFE confirmó con su equipo que, con esas tentativas, sumaban al menos siete intentos frustrados desde su salida del país a finales de 2025.
Ese hecho tiene una dimensión política evidente: una de las figuras más reconocibles de la oposición venezolana permanece fuera del territorio mientras dentro del país avanzan negociaciones sobre reinstitucionalización, garantías políticas y una eventual ruta electoral.
La transición que avanza sin Machado en la mesa
El contexto cambió radicalmente después de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero de 2026 y la posterior designación de Delcy Rodríguez como presidenta interina por el Tribunal Supremo venezolano. Desde entonces, Washington ha respaldado conversaciones orientadas a reformas institucionales y a una futura salida electoral.
En ese proceso, Estados Unidos impulsó a Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, como jefa de la delegación opositora. Figuera regresó a Venezuela después de ocho años fuera del país y ha encabezado conversaciones con representantes del chavismo. María Corina Machado no forma parte de esa mesa. Figuera ha reconocido públicamente diferencias de enfoque con Machado y ha defendido que su actuación responde a una lógica institucional.
Las conversaciones han abordado, entre otros asuntos, garantías políticas, reforma institucional y reconstrucción del sistema electoral. En agosto, el primer ciclo concluyó con acuerdos anunciados sobre la renovación del Tribunal Supremo de Justicia y la recuperación de activos para atender la emergencia ocasionada por los terremotos de junio.
¿Quién está impidiendo el regreso?
Esta es la parte que exige mayor precisión. El equipo de Machado sostiene que le han impedido regresar. EFE confirmó los tres intentos recientes, pero las fuentes públicas no establecen de manera concluyente quién tomó cada una de las decisiones que frustraron las rutas.
The Wall Street Journal informó en julio que un intento anterior se habría frustrado después de señales de resistencia desde Washington, cuyos funcionarios temían que su regreso alterara la estrategia estadounidense de estabilización. Sin embargo, el 15 de julio el subsecretario del Departamento de Estado Cartwright Weiland declaró ante el Congreso que Estados Unidos no obstaculizaría su retorno y recordó que, como ciudadana venezolana, tiene derecho a regresar.
Ahí aparece una tensión verificable: Washington sostiene públicamente que no impedirá el retorno de Machado y, al mismo tiempo, respalda una arquitectura de negociación que funciona sin su participación directa, mantiene interlocución con el Gobierno interino de Delcy Rodríguez y ha reconocido a Dinorah Figuera como interlocutora opositora en la mesa.
Afirmar que existe un acuerdo secreto entre esos actores para impedir físicamente el regreso de Machado requeriría evidencia que, hasta ahora, no es pública.
¿Y dónde están Bruto, Casio y Marco Antonio?
Aquí la metáfora pierde utilidad si intentamos asignar un personaje romano a cada dirigente venezolano. Henry Ramos Allup, por ejemplo, ha reclamado públicamente que Machado sea incluida en el proceso de negociación. Juan Pablo Guanipa, por su parte, afirmó tras los últimos intentos que ninguna autoridad “interna o foránea” tiene legitimidad para impedir a un ciudadano venezolano entrar en su país.
Más que buscar equivalencias personales, resulta más útil observar una convergencia de incentivos. Estados Unidos prioriza estabilidad, reformas y recuperación económica; el Gobierno interino busca mantener interlocución nacional e internacional; los sectores opositores que participan en la mesa buscan reinstitucionalización y garantías electorales; Machado reclama un papel directo en la conducción del proceso y en la definición de la ruta política.
Esos objetivos pueden coincidir en unos puntos y chocar en otros. Esa tensión, más que una conspiración individual, es la parte contemporánea de la metáfora.
La legitimidad como variable de la transición
Los conspiradores que asesinaron a César consiguieron retirarlo físicamente de la escena, pero no lograron controlar el proceso posterior. El asesinato abrió una nueva fase de guerras civiles y terminó contribuyendo al ascenso de Octaviano —Augusto— y al final de la República que los propios conspiradores afirmaban defender.
La lección histórica no consiste en comparar la Roma republicana con la Venezuela actual como si fueran escenarios equivalentes. Consiste en recordar que retirar a una figura de la mesa no resuelve automáticamente el problema de legitimidad.
Una transición política depende de reglas, instituciones, garantías y capacidad de negociación. Pero también depende de que los actores relevantes y la sociedad reconozcan legitimidad en el proceso.
La pregunta que queda abierta
Después de al menos siete intentos frustrados de regreso, la pregunta no es únicamente por qué María Corina Machado sigue fuera de Venezuela. También es razonable observar qué efecto tiene su ausencia sobre la percepción de inclusión y legitimidad de la transición.
No existe todavía una respuesta definitiva. Las conversaciones continúan, Washington mantiene una relación de trabajo con el Gobierno interino, Figuera encabeza la delegación opositora y Machado insiste en regresar.
Por eso la pregunta de fondo permanece abierta:
Referencias y fuentes
- Smithsonian Magazine. “You Can Now Visit the Site Where Julius Caesar Was Stabbed” (2023). Fuente ↗
- HISTORY. “Julius Caesar’s Forgotten Assassin” (actualizado 2025). Fuente ↗
- EFE. “Impiden tres nuevos intentos de María Corina Machado de volver a Venezuela, dice su equipo” (23 septiembre 2026). Fuente ↗
- The Wall Street Journal. “How Machado’s Return to Venezuela Got Derailed After U.S. Resistance” (julio 2026). Fuente ↗
- EFE. “Estados Unidos asegura que no obstaculizará el regreso de María Corina Machado a Venezuela” (15 julio 2026). Fuente ↗
- EFE. “Dinorah Figuera, la carta bajo la manga de EE.UU. para impulsar el diálogo en Venezuela” (1 agosto 2026). Fuente ↗
- EFE. “La oposición y el chavismo prevén retomar el diálogo a mitad de septiembre” (29 agosto 2026). Fuente ↗
- Reuters. “Venezuelan delegation in NY seeks debt, energy deals” (21 septiembre 2026). Fuente ↗
- NTN24. Declaración de Juan Pablo Guanipa sobre el regreso de María Corina Machado (22 septiembre 2026). Fuente ↗
- El Diario Tricolor. “Ramos Allup exige incluir a Machado en negociación entre oficialismo y AN 2015” (16 julio 2026). Fuente ↗